Cuando
nos han hablado de Abraham siempre nos lo han puesto como un modelo
a seguir, un modelo donde no existían incoherencias o infidelidades...
y como Abraham fue tan bueno, pues Dios le premió con una
gran descendencia, grandes riquezas y una vida aún mucho
más larga (que ya es decir, porque la historia de Abraham
comienza los 75 años de nuestro protagonista).
Sin embargo la cosa tiene miga. Si tienes un rato lee con un poco
de tranquilidad los capítulos 12 a 24 del libro del Génesis
y los versículos 11 a 22 del capítulo 8 de la Carta
a los Hebreos. Te aseguro que no te vas a aburrir. Como ahora no
tenemos mucho tiempo te voy a dar algunas pistas. Vamos despacio
y con el sentido crítico desplegado:
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Siendo anciano ya Abram, recibe una orden de Dios: “Sal de
tu tierra, de entre tus parientes y de la casa de tu padre, y vete
a la tierra que yo te indicaré” (Gn 12,1). ¡¡¡Y
lo hace!!! Vamos a ver. Hoy por hoy, los ancianos, los viejos…
¿para qué nos sirven? Pues Dios parece que elige a
uno de ellos para comenzar su aventura. Tanto cambió su vida
desde ese momento que dejó de llamarse Abram para llamarse
Abraham. Primer golpe: lo que no nos vale a nosotros, para
Dios es útil y valioso.
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Unos años después, dice la Biblia que Abraham ya tenía
99 años, Dios le promete que va a tener un hijo con su mujer
estéril. Cuando en nuestro país algún famoso
ha tenido un hijo a sus 85 años casi todo el mundo ha dudado
de su paternidad. Abraham no dudó, y tuvo a Isaac. Segundo:
para Dios no hay nada imposible (Gn 17-18).
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Cuando Isaac ya estaba crecidito y podemos suponer que Abraham era
el hombre más orgulloso de la tierra, viene Dios y pide a
nuestro protagonista que se le ofrezca en sacrificio (sí,
sí, que mate) al hijo que tanto le costó tener, a
su hijo único. Y esto no es lo más gordo, sino que
lo más impresionante es que Abraham ¡¡¡obedece!!!
Al final Dios no le deja completar el asunto, sino que parece que
sólo era una prueba, pero ¡caray con la pruebecita!
Tercero: A Dios no siempre es fácil entenderlo
(Gn 22,1-18).
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¿Has oído hablar de Sodoma y Gomorra? Sí, esas
dos ciudades que nadie sabe dónde estuvieron (si estuvieron)
sobre las que Dios envió fuego hasta destruirlas porque estaban
llenas de maldad y muerte. ¿Crees que hubo alguien que tratase
de interceder por las dos ciudades? ¡Bingo! Abraham intentó
por todos los medios salvar toda la gente buena, que siempre la
hay, de esas dos ciudades (y Lot sin enterarse). Cuarto: los
demás están ahí, y son parte de nuestras vidas
(Gn 18,16ss).
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Aunque no se traten de ocultar, existen algunos hechos en la Biblia
que no son los más se nos cuentan a la hora de hablar de
Abraham. En dos ocasiones (¿?) para salvar su vida Abraham
miente y hace creer que su mujer Sara es su hermana (vamos, que
usa a su mujer vilmente Gn 12,10-17; 20,1-18) y cuando tiene a su
hijo Isaac echa a su esclava Agar y al hijo que tuvo antes con ella
al desierto (poca o ninguna misericordia Gn 21,14-18).
Son muchas ideas y sin un hilo conductor. En vez de clarificar la
figura de Abraham parece que se vuelve más complicada ¿Qué
podemos decir de Abraham entonces?
Parece evidente que para el pueblo judío Abraham es un héroe
nacional y religioso (imaginémonos un Cid, un Pelayo o cualquier
otro héroe de nuestras zonas). Como a todo héroe se
le revistió de innumerables leyendas y hechos milagrosos
que existieron o no (acordémonos de cómo el Cid gana
su última batalla estando muerto o cómo D. Pelayo
gana una batalla contra un ejército muchísimo mayor
que el suyo...). Esto no nos puede despistar de lo fundamental.
Nos preguntamos: ¿Qué aporta la figura de Abraham
a mi vida hoy en el siglo XXI?
Se me ocurren algunas pistas:
a)
Es un hombre que toma la vida en sus manos. Camina,
acierta, se equivoca… pero vive (¡Es el riesgo de vivir!).
Si decidimos vivir, tomar nuestras vidas en las manos y optar
con responsabilidad es posible que nos equivoquemos o que
acertemos, pero estaremos vivos.
b)
Es consciente de la presencia de Dios en su vida,
y una presencia activa que puede cambiarla para siempre. Quizá
en nuestro mundo sea muy difícil ser conscientes de la presencia
de alguien que no grita, pero que si le dejamos entrar en nuestras
vidas puede darles un vuelco.
c)
Esta presencia se desarrolla como una relación de
amigos. Abraham será para siempre “el
amigo de Dios” (Is 41,8).
d)
Esta amistad se desarrolla en clave de confianza y cercanía.
Abraham se permite pedir favores a Dios, casi le hace chantaje (Gn
18,16ss), y a su vez confía en lo que Dios le pide, aunque
sea incomprensible (sacrificio de Isaac). A los amigos hay veces
que no es fácil comprenderles en cada cosa que hacen, pero
generalmente confiamos en ellos… ¡aunque a veces se
equivoquen y nos duela! Abraham no creo que entendiese a Dios cuando
le manda matar a su hijo Isaac (nosotros tampoco lo entendemos),
pero… son amigos. Esta confianza y cercanía la llamamos
Alianza: Dios para Abraham y Abraham para Dios.
e)
De un hombre anciano y una mujer también mayor y estéril
Dios sacará una descendencia mayor que las estrellas en una
noche despejada. ¿Te lo crees? Sara tampoco lo creyó
(Gn 18,1-15), pero a pesar de eso, hoy los cristianos, judíos
y musulmanes nos reconocemos como hijos de Abraham, el “Padre
de los Creyentes”. Los planes de los hombres no son
los de Dios. Con cosas sencillas, con personas sencillas como nosotros,
Dios puede hacer maravillas (aún mayores de la maravilla
que tú ya eres).
Texto
elaborado por el H. Juan Carlos García
García. Actualmente es miembro del equipo de misión
de la Provincia Marista de Compostela, en Valladolid.
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