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Por esta sección irán desfilando diferentes personajes de la Biblia. No queremos hacer historia, sino acercarnos a la experiencia de Dios que han tenido y servirnos de ellos para iluminar nuestra vida de fe.

 
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ABRAHAM
o el riesgo de vivir intensamente

 

El Señor dijo a Abram: "Sal de tu tierra, de entre tus parientes y de la casa de tu padre y vete a la tierra que yo te indicaré. Yo haré de ti un gran pueblo, te bendeciré y haré famoso tu nombre, que será una bendición" (...) Partió Abram como le había dicho el Señor. (Gn 12,1-4)

   
 
El Señor dijo a Abram: "Levanta los ojos al cielo y cuenta, si puedes, las estrellas. Así será tu descendencia". (Gn 15,5)
"Mi Señor, por favor, te ruego que no pases sin detenerte con tu siervo. Haré que os traigan agua para lavaros los pies, luego descansaréis bajo este árbol. Voy a buscar un bocado y así os repondréis antes de seguir adelante, ya que habéis pasado junto a vuestro siervo" (Gn 18,3-4)
Cuando nos han hablado de Abraham siempre nos lo han puesto como un modelo a seguir, un modelo donde no existían incoherencias o infidelidades... y como Abraham fue tan bueno, pues Dios le premió con una gran descendencia, grandes riquezas y una vida aún mucho más larga (que ya es decir, porque la historia de Abraham comienza los 75 años de nuestro protagonista).
Sin embargo la cosa tiene miga. Si tienes un rato lee con un poco de tranquilidad los capítulos 12 a 24 del libro del Génesis y los versículos 11 a 22 del capítulo 8 de la Carta a los Hebreos. Te aseguro que no te vas a aburrir. Como ahora no tenemos mucho tiempo te voy a dar algunas pistas. Vamos despacio y con el sentido crítico desplegado:

- Siendo anciano ya Abram, recibe una orden de Dios: “Sal de tu tierra, de entre tus parientes y de la casa de tu padre, y vete a la tierra que yo te indicaré” (Gn 12,1). ¡¡¡Y lo hace!!! Vamos a ver. Hoy por hoy, los ancianos, los viejos… ¿para qué nos sirven? Pues Dios parece que elige a uno de ellos para comenzar su aventura. Tanto cambió su vida desde ese momento que dejó de llamarse Abram para llamarse Abraham. Primer golpe: lo que no nos vale a nosotros, para Dios es útil y valioso.

- Unos años después, dice la Biblia que Abraham ya tenía 99 años, Dios le promete que va a tener un hijo con su mujer estéril. Cuando en nuestro país algún famoso ha tenido un hijo a sus 85 años casi todo el mundo ha dudado de su paternidad. Abraham no dudó, y tuvo a Isaac. Segundo: para Dios no hay nada imposible (Gn 17-18).

- Cuando Isaac ya estaba crecidito y podemos suponer que Abraham era el hombre más orgulloso de la tierra, viene Dios y pide a nuestro protagonista que se le ofrezca en sacrificio (sí, sí, que mate) al hijo que tanto le costó tener, a su hijo único. Y esto no es lo más gordo, sino que lo más impresionante es que Abraham ¡¡¡obedece!!! Al final Dios no le deja completar el asunto, sino que parece que sólo era una prueba, pero ¡caray con la pruebecita! Tercero: A Dios no siempre es fácil entenderlo (Gn 22,1-18).

- ¿Has oído hablar de Sodoma y Gomorra? Sí, esas dos ciudades que nadie sabe dónde estuvieron (si estuvieron) sobre las que Dios envió fuego hasta destruirlas porque estaban llenas de maldad y muerte. ¿Crees que hubo alguien que tratase de interceder por las dos ciudades? ¡Bingo! Abraham intentó por todos los medios salvar toda la gente buena, que siempre la hay, de esas dos ciudades (y Lot sin enterarse). Cuarto: los demás están ahí, y son parte de nuestras vidas (Gn 18,16ss).

- Aunque no se traten de ocultar, existen algunos hechos en la Biblia que no son los más se nos cuentan a la hora de hablar de Abraham. En dos ocasiones (¿?) para salvar su vida Abraham miente y hace creer que su mujer Sara es su hermana (vamos, que usa a su mujer vilmente Gn 12,10-17; 20,1-18) y cuando tiene a su hijo Isaac echa a su esclava Agar y al hijo que tuvo antes con ella al desierto (poca o ninguna misericordia Gn 21,14-18).


Son muchas ideas y sin un hilo conductor. En vez de clarificar la figura de Abraham parece que se vuelve más complicada ¿Qué podemos decir de Abraham entonces?
Parece evidente que para el pueblo judío Abraham es un héroe nacional y religioso (imaginémonos un Cid, un Pelayo o cualquier otro héroe de nuestras zonas). Como a todo héroe se le revistió de innumerables leyendas y hechos milagrosos que existieron o no (acordémonos de cómo el Cid gana su última batalla estando muerto o cómo D. Pelayo gana una batalla contra un ejército muchísimo mayor que el suyo...). Esto no nos puede despistar de lo fundamental. Nos preguntamos: ¿Qué aporta la figura de Abraham a mi vida hoy en el siglo XXI?
Se me ocurren algunas pistas:

a) Es un hombre que toma la vida en sus manos. Camina, acierta, se equivoca… pero vive (¡Es el riesgo de vivir!). Si decidimos vivir, tomar nuestras vidas en las manos y optar con responsabilidad es posible que nos equivoquemos o que acertemos, pero estaremos vivos.

b) Es consciente de la presencia de Dios en su vida, y una presencia activa que puede cambiarla para siempre. Quizá en nuestro mundo sea muy difícil ser conscientes de la presencia de alguien que no grita, pero que si le dejamos entrar en nuestras vidas puede darles un vuelco.

c) Esta presencia se desarrolla como una relación de amigos. Abraham será para siempre “el amigo de Dios” (Is 41,8).

d) Esta amistad se desarrolla en clave de confianza y cercanía. Abraham se permite pedir favores a Dios, casi le hace chantaje (Gn 18,16ss), y a su vez confía en lo que Dios le pide, aunque sea incomprensible (sacrificio de Isaac). A los amigos hay veces que no es fácil comprenderles en cada cosa que hacen, pero generalmente confiamos en ellos… ¡aunque a veces se equivoquen y nos duela! Abraham no creo que entendiese a Dios cuando le manda matar a su hijo Isaac (nosotros tampoco lo entendemos), pero… son amigos. Esta confianza y cercanía la llamamos Alianza: Dios para Abraham y Abraham para Dios.

e) De un hombre anciano y una mujer también mayor y estéril Dios sacará una descendencia mayor que las estrellas en una noche despejada. ¿Te lo crees? Sara tampoco lo creyó (Gn 18,1-15), pero a pesar de eso, hoy los cristianos, judíos y musulmanes nos reconocemos como hijos de Abraham, el “Padre de los Creyentes”. Los planes de los hombres no son los de Dios. Con cosas sencillas, con personas sencillas como nosotros, Dios puede hacer maravillas (aún mayores de la maravilla que tú ya eres).

Texto elaborado por el H. Juan Carlos García García. Actualmente es miembro del equipo de misión de la Provincia Marista de Compostela, en Valladolid.